El “descuido” de la casa común, continúa

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Nota de opinión de Roberto Fermin Bertossi (*): Aceleradamente se agota el tiempo para concientizarnos y comprometernos con la crisis ecológica actual, dado que a pesar de su urgencia y gravedad, los remedios intentados local, regional y  globalmente, claramente no han logrado los objetivos perseguidos.

 

Es marcada e inaceptable la irresponsabilidad gubernamental por la postergación y el financiamiento de una educación ambiental de calidad y permanente en pos de un cambio de actitud personal, económica, productiva, fabril, comercial, tecnológica como en usos y consumos o servicios públicos  del hombre con el ambiente y sus recursos naturales.

Hablamos y proponemos una educación ambiental transversal que debe impregnar la gestión pública y la privada Vg., con incentivos impositivos positivos y negativos para revertir la inejecutoriedad del artículo 41 de nuestra Constitución Nacional desairado a la fecha.

Una educación formal que se estructurará desde una metodología educacional “normada” a través de instituciones y programas de estudios, debiendo implementarse la misma en todos los establecimientos educativos y académicos; una educación no formal que, a diferencia de la anterior, no se planifica a largo plazo sino a uno corto o mediano, resultado así más flexible y apropiada a las necesidades de cada contexto geográfico especifico la que generalmente se organiza convergentemente a partir de un diagnostico situacional de las necesidades educativas de un grupo social concreto, complementando la educación formal; una educación ambiental informal que se despliega e implementa sin ninguna clase de estructura curricular, sin programas ni sistemas de evaluación, suscribiendo que la educación se obtiene así de manera no intencionada sino a través de diferentes acciones cotidianas duraderas e incentivadas.

A tanto desatino e ignorancia ambiental, se le suma ahora el franco despropósito del actual presidente de los EE.UU. Donald TRUMP quien neciamente afirmó -a pesar de las nefastas evidencias planetarias- que (para su otra economía verde o dólares), el cambio climático es un cuento chino, actuando desaprensivamente en consecuencia.

La mayoría de los expertos consideran que existen evidencias suficientes de un aumento gradual de la temperatura del planeta, con graves consecuencias para el modo de vida de las poblaciones. Y se documenta bien el efecto de retención de calor del CO2, cuya concentración está aumentando en la atmósfera como consecuencia de la contaminación, estando previsto que la amenaza -que implica la progresión de tal calentamiento, torne imposible la posibilidad de vida humana y en general de todas las especies de la biodiversidad-, está latente pudiendo convertir a la Tierra en otro planeta muerto como Marte, Júpiter o Saturno.

El consenso puede no ser total, pero el compromiso de los países del G-20 en cuanto a esta cuestión muestra la solidez de la posición defendida por el Papa Francisco en Laudato Si (LS 23ss)

Lamentablemente EE.UU. a través de su belicoso e ilegitimo presidente Trump,  desautorizó recientemente la reducción drástica de las emisiones de CO2 por parte su país, compromiso soberano que corresponsablemente había asumido al respecto su antecesor Barack Obama (COP21/Paris/Junio 2016).

Ello en nada modifica que afrontar humana y sensatamente la cuestión climática, nos exige implementar sin demora y convergentemente los principios de precaución y remediación ambiental.

En esa perspectiva se debe invertir más y mejor en fuentes alternativas de energía, que reduzcan, autolimiten y remedien la emisión de CO2 y gases similares.

Finalmente, ante la flagrante discriminación y violación de derechos y tratados que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general; ante el largo, pavoroso e irreversible agotamiento de los recursos naturales no renovables, ante el desmembramiento y destrucción de “la ecología planetaria”, ante los páramos y desiertos nuevos de la deforestación masiva; ante la pérdida definitiva de mucha flora, fauna y otros recursos naturales; ante el parejo fracaso de cumbres, congresos, conferencias, garantías constitucionales y leyes específicas sobre el ambiente; bueno, ya las Naciones Unidas debieran sacudir su pusilanimidad para proponerse como objetivo extraordinario prioritario y apremiante, fuera del alcance de todo veto posible, la restauración ecuánime y equitativa de nuestra ecología, en todo cuanto aún fuere posible.

(*) Roberto Fermín Bertossi - Investigador CIJS / UNC

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