¿Corrupción o Confianza y Ciudadanía?

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Nota de opinión de Roberto Fermin Bertossi (*): Paradójicamente, la política argentina se ha vuelto inhóspita para la ciudadanía, entendida ésta como condición necesaria que asegura a todo “ciudadano” garantías y deberes constitucionales tanto como derechos políticos, económicos y sociales.

 

Una corrupción sistémica, omnipresente e impune se apoderó de los derechos, de la confianza como de las legítimas expectativas ciudadanas propias de una democracia republicana. La corrupción `habita´ el grueso de las instituciones, del empresariado y del sindicalismo vernáculo.

Así las cosas, la corrupción no solo mató sino que también traicionó `ciudadanía´. Es tal su gravedad -por su significado y connotaciones- que inspiraron el más duro apotegma ético-moral del propio papa Francisco: ¡Pecadores si, Corruptos, no!

Sin titubeos, lo que le falta a la ciudadanía argentina, conforma ilícitamente el patrimonio de castas políticas, empresariales y sindicales, a partir de cuándo se destituyó al último gobierno honesto y ciudadano argentino de don Arturo H. ILLIA.

Bastaría un mero “Excel” para retratar y contrastar el devenir patrimonial de unos y “otra” en los últimos cincuenta años. Conforme nuestro artículo 36 de la Constitución Nacional, he ahí los nuevos ricos corruptos, los que nos robaron la nutrición, la educación y los recursos suficientes para nuestras universidades, la salud, la seguridad, la dignidad y el júbilo de nuestros viejos (jubilados y pensionados ordinarios); las viviendas dignas, la calidad y la tarifa justa y razonable de los servicios públicos esenciales y, transversalmente, toda la infraestructura que nos falta.

Estos son los traidores a la ciudadanía, a la buena fe y a toda confianza en una política cabal. Sin escrúpulos y perfeccionando todo latrocinio, se perpetuán de generación en generación. Sin escatimar eufemismos, nos siguen mintiendo descaradamente. ¡Síganme que no los voy a defraudar!, ¡la banelco radical!; ¡Pobreza0!, ¡La inflación es algo simple, lo más fácil de resolver y reducir a un digito!, ¡El dólar no va a llegar a $20!, ¡No vamos a devaluar!, El segundo semestre de 2016!, ¡Los brotes verdes!, ¡Lo peor ya pasó!

Desbaratada y defraudada toda expectativa ciudadana y todo deber constitucional, resulta artero y cínicamente descalificador que aún se pretenda exigir un solo sacrificio más a la ciudadanía, sin antes encarcelar a los corruptos y recuperar hasta el último centavo de todo lo robado a la misma ciudadanía.

Ante tal déficit democrático y bancarrota de la confianza ciudadana, resulta urgente y crucial transformar nuestro ultrajado contrato social de modo tal que logremos de una buena vez la satisfacción del bienestar general y la recuperación de la confianza de la Ciudadanía en cuanto tal, conforme el verdadero espíritu de los merecimientos constitucionales.

De tal manera y en tanto “ciudadanos”, jamás habremos de admitir la `cartelización´ de nuestra dignidad, de nuestro capital humano, de nuestra confianza, de la política, de nuestras oportunidades, de nuestro desarrollo humano como de nuestro propio futuro, adelanto y progreso, por parte de crónicas y estructurales  asociaciones ilícitas entre castas políticas, empresarias, sindicales u otras, cuyos crueles delitos deben ser imprescriptibles y no excarcelables.

Afianzar la confianza social es condición necesaria e insustituible para reivindicar implicación cívica y corresponsable participación política democrática. Esto es central y decisivo tanto para  reempoderar  instituciones sociales y políticas como para recuperar soberanía política, económica y financiera.

Final y consecuentemente, un buen gobierno debe satisfacer las condiciones para que la confianza social y la confianza política puedan reverdecer el mejor alcance y sentido de ciudadanía, la que –básica e innegociablemente- se acredita (o no) con seguridad alimentaria, educativa, sanitaria y previsional universales; con amistad cívica y con paz social.

(*) Roberto F. Bertossi - Investigador  Cijs / UNC

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