Sacaron de circulación efectiva a tres feroces inadaptados sociales. Los infelices delincuentes dieron muerte a un joven golpeándolo en el suelo, desmayado, con un bate de beisbol y rematado con una piedra en la cabeza. "El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 13 de Buenos Aires, condenó a 24 años de prisión a Leonel Bufanio, 21 años a Hernán Mendieta y a 8 años a Néstor Horisberger, por el crimen de Matías "Jano" Fernández, asesinado en 2011 con un bate de béisbol. En contrapocisión, vergüenza lo de la hiena Barrios.-
Bufanio, condenado a 24 años por ser "coautor material de homicidio simple en concurso con el delito de robo", golpeó a "Jano" en la cabeza con el bate de béisbol varias veces a la salida de un boliche del barrio porteño de Balvanera, rematándolo en el suelo cuando ya estaba desmayado.-
Mendieta, a quien la Justicia le dictó una sentencia de 21 años, le arrojó una piedra en la cabeza estando ya caído y le propinó golpes y patadas en el torso.
Horisberger, por su parte, fue condenado a 8 años de prisión por su (cobarde) "participación secundaria" en el homicidio ya que agredió verbalmente a "Jano" en los momentos previos, no impidió el ataque, ni lo detuvo cuando vio que lo agredían con el bate En cambio, huyó en el auto de Bufanio junto a sus dos amigos asesinos", señala Minuto Uno.-
Los delincuentes insultaron y se burlaron de los padres y familiares en el juicio al escuchar la condena y les gritaron que a su hijo sólo lo verán eternamente en un cajón, lo que originó un escándalo en la sala. Los irrecuperables delincuentes, ahora tendrán el tiempo suficiente para masticar su bronca ya que son innecesarios para la sociedad que además no los requiere. Siempre y cuando claro está, no aparezcan muertos en la cárcel por la agresión de otro interno o aparezca un abogado que por el 2x1, 2x3 o 4x4 logre sacarlos otra vez a la calle para que sigan haciendo daño a los honestos.-
En contraposición a lo señalado, la Cámara de juzgamiento no sólo otorgó la excarcelación a cambio de dinero de la hiena Barrios, sino que no lo inhibió ni de conducir, ni beber, nada. La medida que causó la desazón de amigos, público y familiares de la víctima resulta absolutamente incomprensible y se asemeja más a un reto o una reconversión a quien puede pagar, que a un castigo por la muerte de una persona. Escuchábamos en una charla de café la comparativa reflexión del costo de un abogado para no lograr nada y el costo de un sicario para hacer justicia ante una muerte impune.... (¿?) ¿Los jueces serán conscientes hacia dónde conducen a los damnificados?
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